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Rapsodia de las partes:
La fotografía de Lorena Guillén Vaschetti
A pesar de que las imágenes fotográficas de Lorena Guillén Vaschetti suelen ser fragmentarias, expresan pensamientos completos de un modo similar al que la sinécdoque hace enteras las ideas poéticas. De la misma forma en que este recurso poético que usa una parte para referirse a un todo requiere que se utilice con moderación y habilidad, lo mismo sucede con la capacidad visual de encapsular el todo en un simple fragmento. En cierto modo, es un enfoque opuesto a la tradición de riqueza informativa que ofrecen la fotografía callejera y el fotoperiodismo: ambas modalidades tienden a mostrar no solamente el todo, sino también su contexto. En la actual muestra de Guillén Vaschetti, Tempo, sus obras reflejan su modo fragmentado de ver a través del tiempo, el movimiento, los acontecimientos y las culturas.
Para comprender mejor el estilo fotográfico de Guillén Vaschetti, podemos tomar el ejemplo de una sinécdoque poética. Las últimas palabras en la obra Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand: “mon panache” (mi penacho blanco), aluden a la emblemática pluma blanca en el casco del valiente rey Enrique IV y son una metáfora del estilo extravagante y el coraje temerario de Cyrano. La sinécdoque danza con la memoria y la metáfora. La misma Guillén Vaschetti dice que su forma de tomar fotografías refleja su manera de recordar. En efecto, cuando una persona evoca recuerdos de su primera infancia, suele enmarcarlos en detalles fragmentarios. Las “petites madeleines de la tía Leónie” de Marcel Proust se han convertido en un ejemplo literario. Ese tipo de recuerdo, incluso, se ha incorporado al lenguaje médico y se lo conoce como “el fenómeno de las petites madeleines”. Hay algo que es a la vez primordial y evocativo en esta manera de recordar. Si la memoria se vale de la sinécdoque y un fragmento puede desencadenar todo lo que fue relevante para la persona que recuerda una experiencia particular, las imágenes de Guillén Vaschetti también son una especie de diario de recuerdos.
El hecho de que Guillén Vaschetti haya elegido el término musical “tempo” para titular su muestra le recuerda al espectador que había música en el lugar en donde ocurrieron los sucesos de las imágenes. Después de todo, por definición, el tempo es el ritmo de una composición musical que se suele escribir a lo largo de un pentagrama. Desafortunadamente, no hay tales indicaciones en las imágenes de Guillén Vaschetti y la verdadera música permanece en su memoria. Les deja a los espectadores la silenciosa tarea de leer las pistas que conducen al movimiento e imaginar los vientos y la percusión a tempo vivace que acompañan la danza de las piernas de los aborígenes australianos, o el lejano allegrissimo de una samba de enredo en las fugaces formas del Carnaval de Río.
La colección de imágenes de Tempo también se respalda en el entendimiento de que las representaciones de danza a las que se aluden son rituales. De esta manera, hacen referencia a un hecho original y fundador, el cual se recrea reiteradamente, ocultándose y revelándose a la vez. Las imágenes de Guillén Vaschetti, al igual que la relación de Cyrano con su amada Roxane, fluctúan entre el ocultamiento y la revelación. Las plumas negras que quedan sobre el pavimento después del paso de las escolas de samba son parte de ese disfraz que alguien laboriosamente hizo para ese sólo día. También son vestigios de un ritual que es romano, cristiano, pagano y africano a la vez. Una pluma negra no siempre será un indicio de valentía; pero sí puede ser penacho.
Fernando Castro R.
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